
La asamblea precede a la ceremonia de hoy de nombramiento de 23 nuevos purpurados, 3 españoles
24.11.07 -
ÍÑIGO DOMÍNGUEZ
Es difícil reunir a todos los cardenales en Roma y por eso cuando sucede, como ahora porque acuden al nombramiento de nuevos purpurados de hoy, es una buena ocasión para tener un encuentro. La asamblea fue ayer, mañana y tarde, y Benedicto XVI quería hablar de ecumenismo, la aspiración a unir algún día las iglesias cristianas, como antes del cisma de 1054 con los ortodoxos y de la división en el siglo XVI con los protestantes. A las nueve y media de la mañana llegaron los cardenales, uno en bici, otro en un Cadillac, alguno en taxi y muchos andando. En total, asistieron 143.Fue el prólogo, más de trabajo, que precede al rito festivo de hoy y mañana, la entrega de la birreta y el anillo a los 23 nuevos cardenales, entre ellos tres españoles. Son los arzobispos de Barcelona y Valencia, Lluis Martínez Sistach y Agustín García-Gasco, y el jesuita Urbano Navarrete, ex-rector de la universidad Gregoriana de Roma. Pero ayer tocaba hablar de ecumenismo, el lento acercamiento para acabar con una división que en la Iglesia se vive como un trauma, sobre todo porque erosiona su credibilidad. Sólo a partir de los 60 y el Concilio Vaticano II empezaron los contactos.
Abandono ruso
¿Por qué el Papa ha elegido este tema? Porque ha sido un tema candente, al menos para la jerarquía eclesiástica y los fieles interesados, tras la reunión de la comisión de diálogo entre el Vaticano y los ortodoxos celebrada el mes pasado en Rávena. En el documento final, ambas partes escribieron que estaban de acuerdo en reconocer al Papa como «el primero de los patriarcas». La prensa italiana lo anunció a bombo y platillo como si significara el retorno a la unidad después de mil años, pues la autoridad de pontífice es el principal obstáculo para los ortodoxos. Pero no era para tanto, pues el verdadero debate es el contenido de esa autoridad. Por otro lado el Patriarcado de Moscú, el más importante, no firmó el documento porque abandonó la reunión debido a la presencia de la Iglesia ortodoxa de Estonia, que no reconoce. Las peleas internas entre las 16 iglesias ortodoxas, sin una autoridad común, son otro de los escollos habituales. La próxima reunión de diálogo será en 2009.
«Un largo camino»
«Ha sido un buen paso, pero el camino todavía es largo», resumió sobre el encuentro de Rávena el cardenal Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, al abrir la asamblea. Según explicó, la Iglesia debe «proseguir la purificación de la memoria» -léase hacer algún 'mea culpa' al estilo de los de Juan Pablo II- y cuidar sus pronunciamientos «para no herir la sensibilidad de otros cristianos», referencia a un reciente documento vaticano que indignó a los protestantes. «Para el Papa el ecumenismo es un mandato», recalcó Kasper para hacer ver que no hay vuelta atrás en el camino. Como siempre, lo que no se sabe es lo que durará. Y tampoco cuándo será por fin el encuentro entre el Papa y el patriarca ruso Alexis II, símbolo de que realmente algo habría cambiado. En cuanto a los protestantes, Kasper admitió que sus últimas decisiones sobre sexo, familia y defensa de la vida han abierto «nuevas brechas». Por último, toda una novedad, en el orden del día aparecían, tras ortodoxos y protestantes, «las relaciones con movimientos carismáticos y pentecostales», hasta ahora tachados de sectas y muy extendidos en Estados Unidos y América Latina